martes, 10 de noviembre de 2015

La sobreprotección: más allá de la infancia

La sobreprotección es un tema que cada día adquiere más vigencia. Como todo, en exceso las cosas más inofensivas adquieren tintes siniestros. Proteger en exceso a los pequeños de la casa tiene unas consecuencias que perjudican más que benefician.

La educación consiste en dirigir, en perfeccionar, en desarrollar las facultades intelectuales, ya lo dice la Real Academia Española. Conocemos la complicación que este término trae pero, sobre esto, hay un nuevo fenómeno que se está dando y que, cuanto menos, es inquietante: la sobreprotección.

El objetivo para los padres debe ser el de ayudar a su hijo a ser autónomo e independiente, objetivo que no se cumple cuando protegemos en exceso a los pequeños de la casa. El mayor inconveniente que presenta la sobreprotección es que los niños crecerán con una gran inseguridad e incapacidad para desenvolverse, haciéndoles más débiles a la hora de enfrentarse a la sociedad.

No podemos olvidar la misión de la educación, que consiste en enseñar a los pequeños a que desplieguen todas sus capacidades, a ayudarles a que aprendan, no a hacer las cosas por ellos. Con la sobreprotección se impide que el niño adquiera deberes y responsabilidades. No les dejamos experimentar, así que no les dejamos aprender, en definitiva: les enseñamos a acomodarse.

Es inevitable van a fallar, van a caer, es algo que no podemos negarles a nuestros hijos. No es bueno que nos anticipemos a esto. La misión de los padres no es evitar esta situación, sino apoyarles y animarles a que se vuelvan a levantar. Estas caídas, si hacemos una retrospectiva, son las que a nosotros mismo nos convierten en las personas que hoy día somos.

La resiliencia es una de las capacidades más extraordinarias del ser humano, y más desconocidas. Es la capacidad de sobreponerse a las dificultades.

Uno de los muchos ‘efectos secundarios’ de la sobreprotección es que no se enseña la frustración, lo que genera en la edad adulta problemas de conducta. Puede influir en su desarrollo emocional, además esto lo que hace es crear personas miedosas, que miran el mundo con hostilidad, ya que necesitan a alguien para resolver sus problemas.

Los padres educan también con el ejemplo, si el niño percibe ansiedad o miedo cada vez que tenga que hacer algo él solo, cogerá miedo a hacerlo.  

Es lo que hace educar personas dependientes, que a la larga son inseguras y no saben hacer las cosas por sí mimos. Protegerlos en exceso transforma educar a malcriar, ya que los más pequeños no sabrán valorar las cosas que tienen, y exigirán cada vez más cosas, ya que se les ‘ahorra’ enseñarles lo que cuesta conseguirlas. 

La sobreprotección se resume en no querer dejarles crecer, esto hace que no desarrollen su inteligencia emocional, y en consecuencia significa que no serán felices. Un tema de vital importancia en la educación de los niños, que pasa demasiado desapercibido.

Nunca los padres se han preocupado tanto por sus hijos y a la par, se han sentido tan perdidos. Esto se debe a que el número de integrantes de la familia se ha visto disminuido. Antes, había más familias numerosas, mientras que ahora, lo común es tener un solo hijo. Buscan a toda costa el bienestar de su hijo, pero a veces se nos olvida que la felicidad en la infancia no consiste en tener una vida fácil, sino en saberse capaz de superar retos y metas.

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