Los estudiantes necesitamos comprensión.Esa etapa inevitable y muy previsible aunque en ocasiones
aparezca por sorpresa esa temida época. Fecha donde los cambios de humor y la bipolaridad son tan
tangibles que puedes verlos personificados en tus amigos. De risas nerviosas,de llantos de impotencia por ese profesorado
tan concreto, de sudores fríos...
Lo peor, cuando esto se alarga. El estar durante varias semanas encerrado,
con bebidas energéticas y coca-colas como compañeras de noche. Amanecer
acompañado de ese agobio mientras lo arropas con el café bien calentito
mientras das el último repaso. Despliegas todas tus capacidades y desembolsas
todo tu dinero: jalea real con fósforo, tapones para los oídos, cantidades
industriales de redbull,…
Leyenda urbana eso de que el buen estudiante se va al cine
antes de un examen. Falso. No solemos contar con un capital elevado como para
invertirlo en el caro mundo del séptimo arte cuando sabemos que unas horas
después tendremos que enfrentarnos cara a cara con él. El temido examen, pero
más temida aún la corrección donde todas las horas de estudio, esfuerzo incluso
en ocasiones, se ven reflejadas en el papel. Ese momento en el que quieres a
Dios y te sientes hijo suyo y como tal apelas a su misericordia, o sino también te vale el Karma o derivados. Misericordia por el examen, porque sea justa su corrección o para el momento en el que tienes que transmitir la nota a tus progenitores.
Exámenes en fechas señaladas e importantes siempre cercanos
a la Navidades o al Verano, rondando siempre en las buenas fechas. En estas
fechas donde cualquier vídeo de internet te parece maravilloso e ingenioso,
fechas donde sale tu vena artística y
más bohemia y donde se amontonan todos los planes que nunca antes tuvieron
cabida y ahora la encuentran. Donde te vuelves decorador y mueves tu mesa y tu
silla a todos los rincones de la casa buscando una buena iluminación, buena
energía al más puro estilo de Sheldon.
Y el estilismo ya ni lo menciono. En esta época de dejadez
predomina lo cómodo, las pintas más cutres y estrafalarias combinadas con los días
en los que te apetece parecer persona y te medio vistes con decencia para
sentirte vivo, recordando que después de la tormenta viene la calma.
Las bibliotecas… ¡que lugares! hasta en exámenes hay
ocasión de conocer a gente y es que mal de muchos es consuelo de tontos
(apelando por supuesto siempre a la sabiduría popular), y como en esta época
estamos tan espesos, nos volvemos muy empáticos y así las bibliotecas se
convierten en tu segunda casa. Se intercambian apuntes, informaciones sobre
antiguas convocatorias y se comparten experiencias con ese profesor tan…
tan…suyo. Y luego son risas si se acompaña de un twitter "informer de...".
Y es que no hay mal que por bien no venga. Te clausuras un
mes (aproximadamente claro, todo depende de si eres o no de Bolonia) y luego viene lo bueno: o primavera o
verano. En febrero compruebas que los días se hacen más largos, que incluso el
sol se anima a salir de vez en cuando y tú sales con él por supuesto. La primavera te acecha. Aprecias
estar en la calle, la normalidad, saber en qué día estás de la semana o del
mes. Descubres lo bonito que es ser
libre y lo bonito que es reafirmarte en tu compromiso con ella, con esa carrera
que te dará algún día, esperemos, de comer. El esfuerzo
merecerá la pena. ¿Qué queremos suerte o justicia?
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